El término micromachismo denota todas aquellas acciones sutiles e imperceptibles de poder, de dominio masculino en lo cotidiano. Su función es controlar y detener la autonomía de las mujeres, de manera estratégica, se trata de hábiles trucos y manipulaciones con los que los varones intentan imponer sus propias razones y miradas a las mujeres.

Estas acciones son de uso reiterado aun en aquellos varones que desde el discurso social no podrían ser llamados violentos, abusadores o especialmente machistas. No debemos olvidar que muchos de estos comportamientos no suponen intencionalidad, ni planificación deliberada, sino que son dispositivos mentalescorporales, actitudinales incorporados y automatizados en el proceso de “hacerse hombre”. Todas estas acciones forman parte de las habilidades masculinas desarrolladas para ubicarse en un lugar de privilegio y dominio en relación a las mujeres, lugar que es asignado principalmente por la cultura tradicional o patriarcado.

Los modos en cómo se presentan los micromachismos no son explícitamente violentos (es decir, violencia física) pero a la larga cumplen sus mismos objetivos y efectos, que son, garantizar el control sobre la mujer y perpetuar la distribución injusta para las mujeres de los derechos y oportunidades.

En la vida cotidiana podemos observar diversos ejemplos de micromachismos, podemos observar a nivel cotidiano haciendo preguntas tan ingenuas como sencillas, por ejemplo ¿Quién limpia el baño en casa? ¿quién lava la loza? ¿quién va a al supermercado y a la feria? ¿quién riega las plantas? ¿da de comer a la mascota? ¿quién prepara el almuerzo y organiza la minuta semanal? ¿quién es el último/a en acostarse? etc. Podemos constatar que los hombres no se implican en las tareas domésticas o familiares porque “no sabe” o porque “ella lo hace mejor”.

En las sociedades más desarrolladas donde parece que el machismo tradicional está muy mal visto y se autocensura, sobre todo en los espacios públicos y comunitarios, dígase en los espacios laborales e institucionales. Sin embargo, en el ámbito privado es donde justamente los micromachismos aparecen en toda su dimensión y esa tensión público/privado es lo que los feminismos han denunciado desde sus orígenes dado que en estos espacios se perpetúa o se naturaliza la violencia contra las mujeres.

Finalmente, en el ámbito laboral podemos apreciar los micromachismos de formas muy sutiles, como por ejemplo en las celebraciones corporativas como el día del “trabajador”/a”, o en la participación en los comités solidarios como el de bienestar ¿Quiénes son los organizadores? ¿Quiénes los que salen a comprar? ¿Qué tipo de regalos reciben, tanto el trabajador como la trabajadora? Comencemos, pues, a modificar nuestras micro conductas, estar alertas y generar un espacio más igualitario en el trabajo como en la casa y así contribuir a la igualdad efectiva que tan bien nos haría a todos y a todas.

Para conocer más sobre el término te invitamos a leer una entrevista a su creador, el psicoterapeuta y médico psiquiatra Luis Bonino.

Pamela Caruncho y Anita González
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